Desorden Público y su homenaje a La Fania: “La salsa y el ska tienen en común la rebeldía”

La banda que integran Horacio Blanco, Caplís, Danel Sarmiento y Oscarello abraza la experimentación en el proyecto que lanza al mercado hoy: un álbum tributo a la legendaria agrupación que revolucionó la salsa. Eligieron seis temas entre el extenso repertorio de la formación por la que pasaron Celia Cruz, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, entre muchos otros. Los desordenados interpretarán por primera vez en vivo esas canciones este jueves en un concierto en Bogotá

La salsa no le es ajena a Desorden Público. En sus 40 años de carrera, la banda que integran Horacio Blanco, José Luis “Caplís” Chacín, Danel Sarmiento y Óscar Alcaíno ha experimentado con el género en varias ocasiones. Canciones como “Shing-a-ling/Rub-a-dub” o “Como sabroso” son parte del resultado de esa fusión entre la salsa y el ska, cuya distancia –afirman los músicos– no es tan grande.

Aunque la salsa ha estado presente en el repertorio de los desordenados, no siempre fue parte del soundtrack de sus vidas. Para Horacio y Danel, el género les era bastante ajeno hasta que Oscarello, percusionista del grupo, les presentó todo su universo. “Nos hizo abrir un poco más nuestros oídos”, asegura Sarmiento. No hubo vuelta atrás. Se convirtieron en aficionados del género. Comenzaron a escuchar y coleccionar discos de salsa.

 

Precisamente, ese gusto y admiración por el género los impulsó a experimentar: un homenaje a esas grande figuras de la salsa que marcaron un antes y un después para la música latina. Así nació Salsa All-Ska, un álbum tributo a La Fania All Stars, que tuvo en sus filas a artistas de la talla de Celia Cruz, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Rubén Blades, entre muchos otros.

La banda eligió las que consideró las seis canciones más representativas de La Fania. No fue tarea fácil. Cada uno llevó los temas que más les gustaban. Llegaron a un acuerdo: en su selección debía haber, al menos, un tema de Rubén Blades, Willie Colón, Héctor Lavoe, Ray Barretto y también de Celia Cruz. Así llegaron al repertorio final: “El ratón”, de Cheo Feliciano; “Quimbara”, de Celia Cruz y Johnny Pacheco; “¿De qué? (en E)”, de Rubén Blades y Willie Colón; “Quítate la máscara, bandolera”, de Ray Barretto; “Mi gente 1975”, de Héctor Lavoe y Willie Colón; y “A-ha O-no/Could you be loved?”, también de Héctor Lavoe y Willie Colón, pero esta última incluye un mash-up con el tema de Bob Marley.

Desorden Público
Desorden Público no se atreve a definir Salsa All Ska como un álbum de salsa, lo ven como un experimento en el que juegan con ambos géneros

Aunque les hubiese gustado incluir otros clásicos de La Fania, fueron muy cuidadosos en la selección de las canciones, pues querían darle a cada una el respeto que merecían. No querían hacer algo que sintieran que no podrían cumplir. “Hay canciones que son tan complicadas que yo fui uno de los que levantó la bandera roja y fijó el límite”, dice Horacio Blanco.

La banda tocará estas canciones por primera vez en vivo este jueves, día del lanzamiento del álbum, en Bogotá, Colombia, como parte de la continuación de su gira de celebración por los 40 años del grupo, que comenzó en mayo de 2025 en Europa. Los desordenados estás ansiosos por ver la reacción de su público a este nuevo experimento.

No es la primera vez que Desorden experimenta con la salsa. Ya en otras oportunidades el género ha estado presente en su discografía. ¿Qué los impulsó a hacer esta fusión entre ska y salsa tributo a La Fania?

—Horacio: Es un experimento, por eso yo no me atrevería a llamar un disco de salsa. Incluso por respeto al género, por respeto a las canciones originales, por respeto a las audiencias salseras, yo no lo llamaría a este un álbum de salsa. Nosotros, insisto, somos respetuosos con toda esa cultura extraordinaria que es la cultura salsera. Sí es un homenaje, con todas las letras, porque hicimos una adaptación de estos superclásicos de La Fania a nuestro estilo y ya por ahí hay una propuesta reinventada. Esto es algo distinto a lo que usualmente se conoce como homenajes a La Fania, que suelen ser tributos muy en el mismo género salsero o a veces en el jazz latino. Aquí nosotros hacemos el crossover entre el ska  y la salsa. Por eso, el nombre es un juego de palabras que recuerda Fania All Stars. Hicimos este disco, primero, por la admiración a esos artistas, a ese momento de la música latina, la explosión de salsa de los años 70, y, segundo, por la necesidad de proponer cosas nuevas para retarnos con cosas que nos resulten divertidas.

¿Podemos hablar de una relación entre salsa y ska? ¿En qué puntos se encuentran y en cuáles se distancian?

—Horacio: El ska y la salsa tienen puntos en común en cuanto a lo musical, como la presencia de la percusión, de los instrumentos de viento, la conexión con el jazz, que siempre sirve como terreno común para muchos de estos géneros. Pero, además de eso, creo que hay un tema de actitud. La salsa brava, esa salsa de los 70, emerge como una respuesta cultural a momentos de mucha tensión cultural, sociopolítica y económica de esos latinoamericanos haciendo vida, sobre todo, en la ciudad de Nueva York. El ska, cuando nace, también es el soundtrack de una generación que tiene altos niveles de frustración. Si lo contextualizamos en Latinoamérica, incluso en Venezuela, también sirvió como bandera musical para drenar, a través de la energía de las canciones o propiamente de la letra de los temas, rabias, anhelos y necesidades de cambio. Hay un punto en común entre ambos géneros que voy a resumir con la palabra rebeldía.

—¿Se podría decir que tienen más puntos que los unen de los que los separan?

—Horacio: Creo que eso depende también de quién lo vea. Si le preguntas esto a un purista, es probable que diga: ‘No, la salsa es la salsa, está en la cúspide, nadie me la toque, no sean irrespetuosos’. Cosas propias de un purista. Lo mismo pasaría del lado del ska. Pero lo cierto es que ambos géneros nacieron de hibridaciones, de mestizajes. Nosotros lo que hemos hecho, y no lo digo de manera alabanciosa, es ser consecuentes con lo experimental de ambos géneros. El ska es un género muy, muy permeable. Hay muchas variantes dentro del ska porque justamente es un género maleable y la salsa también lo es. Entonces agarramos mucho del ska y mucho de la salsa e hicimos un cóctel.

Salsa All Ska estará disponible en plataformas digitales a partir de este jueves y contará con formato vinil y CD

Para Salsa All Ska eligieron versionar seis éxitos de La Fania. ¿Cómo fue el proceso para seleccionar los temas? ¿Por qué estas en particular? ¿Hubo alguna que quedó por fuera y que les hubiera gustado incluir?

—Danel: Cuando se habló de hacer este homenaje a La Fania, porque surgió en el momento que estaban cumpliendo su 60 aniversario, todos teníamos nuestros favoritos. La idea era escucharlos y ver en cuáles coincidimos para ver qué hacer, porque es un repertorio inmenso. Pero también había ciertos artistas que son claves en la historia de La Fania. Surgió que tenía que haber una canción de Rubén (Blades), una de Willie Colón, una de Héctor (Lavoe), una de Ray Barretto, que es uno de los ídolos de Oscarello, y también de Celia (Cruz), que tiene un tema mundialmente conocido como “Quimbara”. Así fue que se dio ese embudo final. No fue fácil. Todos también queríamos tener algo de Maelo (Ruiz), de Ismael Miranda. Es un repertorio muy amplio. Pero tener una lista tan grande también era complicado. Al final, Horacio decidió irnos con estas seis canciones, que son muy representativas.

—Horacio: Los arreglos de la salsa de los 70 suelen ser de muchísimo nivel. Ellos hicieron algo extraordinario. Haciendo música de gran complejidad armónica, melódica y con formas musicales muy arriesgadas, lograron que la gente no parara de bailar y cantar. Creo que eso nos entrenó el oído a muchos latinos para poder asimilar la música, insisto, de muchísimo nivel. Nosotros respetamos los arreglos y la esencia de eso está en el disco. Sin embargo, hay canciones que son tan complicadas que yo fui uno de los que levantó la bandera roja y fijó el límite. Por ejemplo, para mí sería muy difícil hacer una versión de “Sonido bestial” de Richie Ray y Bobby Cruz. Esos tipos tocaban demasiado y los arreglos son dificilísimos. Otra canción que bailamos y nos parece divertidísima es “Pedro Navaja” y es otro tema dificilísimo. Por eso, yo decía: “Muchachos, vamos a hacer temas que nos gusten y con los que nos sintamos cómodos”.

—Y de esas seis canciones, ¿cuál resuena más con cada uno?

—Danel: Seguro que “El ratón” es una que nos gusta a todos.

Hay licencias en estas versiones. ¿Se propusieron, más allá del tributo, una nueva lectura de los temas?

—Danel: Creo que las canciones se respetaron bastante, tanto así que, si las escuchas, las vas a reconocer; no es una versión que se aleje de lo que son. Creo que la canción te lleva a que la letra también se mantenga en lo que quiere decir; no hay esa deformación ni en música ni en letra, pero sí hay una interpretación, que es lo que hace que suene a Desorden Público. Por eso “El ratón”, que es una canción lenta, fuera muy bien llevada al reggae y una canción como “Quimbara” fuera muy bien llevada al acid ska, que es un ska más rápido.

—Horacio: En cuanto a los soneos, normalmente estas inspiraciones se llaman así justamente porque el cantante siente el flow de llevar a poesía y a ritmo ideas que tienen que ver bien con la poesía original de la canción, el mensaje de la canción, o bien con el momento que están viviendo, si la gente está bailando, si hace frío, si hace calor. Toda esa especie de mini crónica que hacen los soneros suelen ser muy personales. Es algo muy de cada cantante. Entonces, a la hora de grabar los soneos, me tomé ciertas licencias. Porque qué chiste tenía que yo hiciera exactamente los mismos soneos que fueron grabados por estos grandes cantantes. Sin embargo, hay una canción que creo que es el riesgo más grande que tomamos, que se llama “A-ha O-no/Could you be loved?”; en esa canción hicimos un mashup. En algún momento del tema colocamos encima, por decirlo de alguna manera, el coro de una canción de Bob Marley. Hicimos esa locura, pero que termina siendo musicalmente muy coherente entre esos monstruos de la salsa y ese monstruo del reggae.

¿Qué consideran que representan estas canciones para la salsa?

—Danel: Son clásicos que tiene que estudiar todo el que está haciendo salsa; en algún momento, tiene que tocarlos. Es un repertorio básico dentro del mundo de la salsa y, además, es hermosísimo porque tiene cantidad de cosas para desmenuzar en cada canción. Tú oyes la rítmica de una canción y puedes aprender muchísimo. Si quieres aprender la armonía, lo vas a conseguir en cualquiera de esas canciones. Si quieres saber de poesía, lo consigues dentro de esas canciones. Son canciones muy completas, de verdad.

Entre las canciones que eligieron destacan dos de la etapa de Willie Colón, que murió hace poco ¿Cómo sintieron la partida del trombonista tras haber hecho este álbum?

—Danel: Era alguien a quien había que rendirle un homenaje en vida. Sucedió lo que sucedió actualmente y continúa ese homenaje a través de su música. Creo que es alguien que hay que tener siempre presente por todo el aporte que hizo.

—Horacio: Fíjate que, casualmente, porque no fue una decisión tomada con premeditación, en este álbum tenemos grandes nombres que son parte del tributo. Y el único que se repite tres veces es el de Willie Colón.

¿Qué opinan de que artistas de las nuevas generaciones y de distintos géneros, como Bad Bunny o Nathy Peluso, estén experimentando con la salsa?

—Horacio: Buenísimo, que hagan lo que quieran; bienvenido que el arte crezca, que se expanda y que cada artista haga lo que sienta. Hay quienes experimentan con salsa, otros experimentan con jazz, pero es increíble cómo los artistas están abandonando cada vez más el terreno de lo urbano. Creo que es una señal interesante de los tiempos que corren. Hay tantas tendencias interesantes que están ocurriendo y que están eclipsadas por, yo me atrevo a decir, los algoritmos. Hay millares de artistas en nuestro entorno venezolano y latinoamericano haciendo cosas muy válidas y súperinteresantes. Sin embargo, nos enteramos masivamente de lo que hacen 10, 15 o 20. ¿Qué pasa con el resto? ¿Por qué no hay visibilidad? Porque los artistas difícilmente cuentan con los recursos para poder tener campañas de exposición, de marketing masivas. ¿Quién determina quiénes son los artistas que realmente están en la tapa del frasco? No es la audiencia, es el mercado, la industria, que está siendo extremadamente dictatorial. No lo digo solamente porque sea un puñado pequeño de determinados nombres. Está bien, yo no estoy diciendo ni remotamente que sea un ‘quítate tú para ponerme yo’; lo que digo es que se abra más el compás (…) Difícilmente lo que yo diga va a hacer mella en lo que está ocurriendo en términos macro, pero quizás este llamado puede llegar a alguien que sea consumidor de música, que sea melómano. La invitación es a que investigue un poco más y que vaya más allá.

Si bien Desorden es una banda de ska, en sus 40 años de carrera han experimentado con otros géneros, siempre fusionados con el ska. ¿Qué representa la salsa para el grupo?

—Danel: La salsa siempre ha estado presente dentro de Desorden desde el momento en que entra Oscarello con la percusión, porque nos hizo abrir un poco más nuestros oídos. Desorden tiene una evolución bastante amplia. Comienza siendo una banda de punk rock, luego una banda de punk rock que quiere hacer ska, luego una banda de punk rock que hace ska con cosas latinas. Entonces, la salsa es un vocabulario que ya hemos manejado bastante durante un tiempo; la diferencia sería que, en este caso, estamos dedicando un disco entero a un género como la salsa y a unos artistas que admiramos.

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